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¿Quo vadis, radio?

El siglo pasado fue el de los medios de comunicación y, fundamentalmente, el de la radio: gracias a ella se escuchaba la música preferida, las noticias regulares y la de los momentos especiales, a los locutores que marcaron épocas, las retransmmisiones del fútbol y de otros deportes, y en definitiva, todo aquello que marcó una época en la memoria de mucha gente. Otros, además, iban más allá, y usaban la radio para algo más que lo antes mencionado: escuchar emisoras de FM de localidades/provincias/comunidades limítrofes con antenas y receptores muy potentes, escuchar emisoras lejanas, tanto españolas como de otros países, de noche gracias a la OM, y más emisoras mayoritariamente foráneas gracias a la Onda Corta. Estos últimos, con el tiempo, se llegaron a llamar diexistas.

Sin embargo, con el comienzo del nuevo siglo, todo eso parece estar llegando a su fin.

La eclosión de Internet, la Red de Redes que, entre otras muchas cosas, permite escuchar casi cualquier emisora del ancho mundo con un mínimo coste, deja obsoleto el legendario mecanismo herziano de las ondas. Y así parece que lo han entendido muchas emisoras, eliminando primero sus emisiones de onda corta para Europa, alegando que se pueden seguir por Internet, y al mismo tiempo eliminando las frecuencias de Onda Media los pocos emisores que todavía disponían de ella, con el mismo argumento. En el mundo de la FM, en España, las cosas no van mucho mejor, sino todo lo contrario, a bastante peor: la polarización de las emisoras musicales en emisoras de odies y en emisoras de dance, la supresión de locutores y de la programación local en las emisoras nacionales y, la puntilla, la casi inamovilidad del dial en muchos puntos de España durante meses y meses. Si a eso le añadimos la más que pobre oferta de radio disponible por medio del satélite, la única alternativa gratuita sin pasar por Internet, va quedando un panorama desolador para el mundo diexista.

Y el futuro no parece muy halagüeño: debido a la crisis que dura ya más de lo que desearíamos, los recortes afectan a la parte más débil, esto es, la más prescindible, como es la emisión por Onda Corta y los turnos locales; Internet se perfila como una alternativa de coste mucho menor que las ondas, aunque sin el acceso universal de estas, y los ajustes presupuestarios prometen acabar con más de una emisora de radio, tal y como ahora están amenazados los canales autonómicos.

Resumiendo, nuestros receptores de Onda Media y Onda Corta corren el peligro de convertirse en piezas de museo de un pasado donde escuchar la radio todavía conllevaba la emoción de la incertidumbre de poder captar una voz que no habías escuchado antes. ¿Cómo acabará todo esto?

Feliz 2.012